7/28/2014

Poesia y un gran amigo., Luis Manuel Ledesma: Ritual festivo


Poeta Luis Manuel Ledesma 
Nos sentamos frente a frente a los cristales desde donde mirábamos perfectamente al fondo o interior del restaurante y nuestro primer plano era ver a todos los transeuntes
Más de diez rostros conocidos de mi vieja militancia cultural en el Alto Manhattan como mi poeta amado no hace vida social con nadie del ambiente literario que no sea conmigo, le iba describiendo cada personalidad que cruzaba, así lo entretuve con largas historias de la época
Vimos pasar frente al Galicia a tunantes de la poesía a periodistas otrora famosos y estrellas de las salas de redacción de algunos medios de la isla, llevando panes bajo el brazo.Antes me detuve en el exclusivo supermercado Gristedes para asegurar el ciabatta plain para el lunch de mi hijo, ya que mi can pitaba hasta tarde y corría el riesgo de regresar a la Villa, con los negocios cerrados y sin pan en el rancho.
Confirmé que ya no puedo quejarme de los precios de la Villa de Westchester donde vivo por más de ocho años, sorpresivo, ver que el común café Bustelo y los exclusivos Medaglia D'ORO y Lavazza, que los adquiero a precios justos en importantes negocios de propietarios italianos, allí, en el Washington Heights de los dominicanos eran objetos flotantes, de precios lujosos.
Aproveche que los Nelson andaban de paseo, y arme la fiesta para entregarle personalmente a mi amigo poeta el libroEstados Alterados (poemas desde la sala de espera)
Nos retiramos del Galicia después de tirarnos endiabladas conversaciones de gente a favor y en contra de Espaillat, o del Presidente Medina y de Leonel Fernández, gente que parecía firme en sus temas sobre si Minou T. Mirabal debió o no renunciar de las filas de su partido, si para ella vale la pena que la empujen a crear una nueva organización y unos los mas afanosos en la discutidera era un team de varoncitos discutiendo sobre la Banda de Henry Fierro y haciendo ellos también memorias de como era el Alto Manhattan en la época de Dionis Fernández, la banda gorda y los originales Toros Band, sin dejar de repasar a Milly Quezada y los antiguos vecinos y a Fulanito...
Pasada las 12 nos sentamos en un parque de cruce desde ahí otra gran galería, gente que pasaba, hablaba todo, discutian en voz alta cuanta "madre" pin pun dominicanos, por ese cruce y nosotros sentados allí, disfrutando de nuestra anonimidad, brindando con cabernet y Atlantic, según mi amigo un ron de “cache” que se me ocurrió llevarle para que celebrara el Día del Padre dominicano y leyendo los Estados.
Pero fuimos "cachados" por un periodista, hermano y amigo común de ambos y nos fundimos en un fuerte abrazo con José Alduey Sierra, quien no pierde su elegancia en el vestir y su gran afabilidad. Brindó con nosotros, se marchó y quedamos mi poeta y yo leyendo en plena calle...
Y nos dieron las “las 2 y las 3” hasta quedar en la Estación (Metro North de Lexington y 125) Regresé del bullicio,caminé tranquilamente por la Villa, hasta llegar a mi hogar. Estos, los encuentros que de último celebro: mi poesía en la voz de Luis Manuel Ledesma (que estaba bello con su larga cabellera recordándome al poeta Cesar Vallejo), es cada cierto tiempo mi ritual festivo.(MV)







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