Outer Door (Calendar of Events)

6/13/2015

Tips dog


Algunas razas de perros chiquitos, tal cual como su mejor amigo… el hombre, especialmente varoncitos de menos de 5 pies, son bocones, ladran mucho, intentan amedrentar con boca. Son celosos, necios, y na le huele, to’ le “jiede”.
Todo el que me conoce desde la época de gloria en la bella ciudad del Bronx, sabe que a los perros le ando a distancia. Cuando era chica (supere eso de decir chiquita, porque...) tuvimos en casa a un pastor alemán, mi papa era loco con los perros y los caballos, pero además, la zona norte de la capital dominicana, se amplificaba en seguridad si tenias un buen perro que supiera ladrar.


Niní, entendía eso a la perfección por lo que siempre tuvimos perro en casa. La debacles llego con Dicauri, unos 15 años antes de viajar y establecerme en NY. Dicauri era mi perrito con cola gris y manchas negras salteadas. Lo envenenaron los tigueres del barrio. Luis Pérez y los del Club y su rama Femenina, explicaron cuanta madre a mi padre y al tío Gui del batallón Juan Pablo Duarte, na, Dicauri el perro- estaba muerto. Hasta ahí "la de perros" en mi casa.


Ah, pero Dicauri , nombre con que mi papa y yo bautizamos al último perro de la dinastía Ventura, tuvo su “antecedente histórico” Antes de reencarnar como perro en mi hogar, Dicauri fue el Jockey en quien confiaba mi viejo. Así apostaba y apostaba en las carreras de caballo del Hipódromo Perla Antillana, doña Tati, las tripletas y todo el almacén del lenguaje de la hípica eran, a pesar de los dolores de cabeza de Mamá la distracción que me aportaba vitalidad a los fines de semana cuando no viajaba a la UCE o cuando Enrique Chao suspendía los encuentros de 35 milímetros.
Dicauri, en su vida como Jockey disfrutaba de todos los parabienes de Don Estanislao Ventura, jugador empedernido. A pesar de la fama de jugador de mi Papá primero para mi papa nunca fueron las quinielas, la loteria no al menos mientras viviera Simón Alfonso Pemberston y le cambiaran el rostro de la historia de la hipica nacional...) sino los caballos, las carreras de caballos.


Dicauri no fue un grande en la hípica, era, eso si ,el que le comía los caramelos a mi papa. Apuestas, apuestas, dinero, disgustos de mi madre y los etcéteras que deseen apostar aquí quienes lean línea a línea este paralelo entre perros, mendigos, caballos, Dr., y la esquina particular de Fordham en la bella ciudad del bronx. Confieso que a pesar de Dicauri, “Doctor Peguero” y su hazaña cuerpo a cuerpo, contra “Tristeza marina” fue la única sorpresa económicamente grande (1984) de mi padre, un regalo que su vicio con la hípica entre tripletas, y medios cuerpos nos llevo a la casa para alcanzar por fin no solo la curbita de la Paraguay, sino una media sonrisa de alegría de mi madre.
Ya en New York, un chigua gua marcaria la vida mía y de mi hijo, una sobrina política de un ex presidente dominicano se mudo a mi edificio, como tanta gente que fue a fuñir la paciencia allí quitándole la cosa comunitaria al edificio en Bailey convirtiéndolo en el recinto de los que tuvieron sus 10 minutos de fama y querían continuar la juerga/. Como los tenans que llegaron alli via el Consulado Dominicano y la "ACDP" Tuve de vecinos a vice consules, a gente de la onu, a politicos de partidos fantasmas, a comunitarios con salario, ay Dios!. Así, la sobrina política del señor ex presidente, complico la vida del edificio con un chigua gua insoportable. Y la tuve que aguantar porque era pordemás amiga de un poeta admirado. Pero que va el chiguagua hizo de las suyas y mordió dos veces a mi hijo. Queda claro no soporto los perros desde entonces y todo el que en mi muro coloque fotos de perros por más monos que sean, de que se van , se van...

Con todo y esta historia, hoy sentí doloridad por un perro en Fordham, donde se ve de todo. El dueño un gringuito loco que lo esclavizaba pidiendo limosnas en nombre de su dueño y en nombre de la especie. El perro relativamente grande, cargaba entre dientes la cubeta donde habia que dejar la "propina". Era manso, silencioso tranquilo. Todo el perfil de un sometido. Ay si Friedrich Nietzsche estuviera vivo pegara el grito al cielo con aquello de las limosnas. Ece Homo... Esta historia continuará cualquier día en cualquier otro canal, y dentro de la secuencia de las ocho millones de historias de la ciudad de Nueva York...(MV)

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