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5/07/2017

De influencias: Literatura, Haití y Republica Dominicana





                               Pedro Julio Mir Valentin(1913-2000)

             Poeta Nacional de la Republica Dominicana
 Autor de una obra relativamente breve, pero contundente. 

"Hay un país en el mundo", su poema mas masificado.
De influencias: Literatura, Haití y Republica Dominicana
Se ha comentado la influencia de los poetas cubanos en la literatura dominicana, sin embargo, un vistazo a los poetas haitiano especialmente los de la Centuria Veinte, deja ver y reconocer elementos comunes.
La influencia de la literatura cubana en la dominicana no es la única, pues algunas “coincidencias" hacen pensar también en los poetas haitianos. 
Nombres que hablan del origen y de la poesía como punto común que los une e identifica: Anthony Phelps, Pedro Mir, Rene Depestre, Freddy Galtón Arce, Manuel Rueda, Jacques Roumain, Aida Cartagena Portalatín.
Incluso algunos de los poetas nacidos en los 40’y 50’ (“baby Boomer”) tienen puntos de conexión, por ejemplo, Tony Raful, Mateo Morrison y, claro está hay que nombrarlo a Jacques Viau, además de algunos otros poetas haitianos y/o franceses de cuya lectura se nutrieron y nutren muchos poetas dominicanos coincidentes en la centuria más turbulenta y definitoria de la humanidad.(MV)

 

Anthony Phelps 
Haiti, 1928

Poema

Pero dónde pero dónde
adónde se va a retumbar la tormenta
Pero dónde pero dónde
adónde se va a aullar el viento
viento revocador tumbador de estrellas
Había una vez una Ciudad
Había una vez un País
Cuando la boca como luna soñadora
esconde la cara bajo las palabras
Cuando la vida en ropas de Príncipe
voltea la espalda a la ventana
hasta el sol
hasta el sol está desnudo
Había una vez un País
Había una vez una Ciudad
Pero dónde pero dónde
Pero dónde
Mi memoria tiene tanto dolor
de garganta

Nació en Puerto Príncipe . Vivio exiliado casi toda su vida
Fue cofundador del grupo poético Haití Littéraire en 1962, que marcó un
hito en las letras de su país. Destaca también su obra Méme le soleil est nu.


René Depestre 1926


René Depestre

Haiti 1926

El caos haitiano

A Yvonne Bador

Abierta está una desdicha-tigre
entre la vida y yo: ¿puede uno
dominar el caos haitiano de sus días?
¿puede uno contener en sus venas de nómada
el flujo existencial de tiempos de soledad?
todo el ultramundo mundial de nocturna desolación
sigue ofreciendo brazos de mar que cruzar.
Un mal-estar no interrupto se enrosca sin fin
en adiós de ternura al golfo de Jacmel.
                                                             Uno puede pasar su vida de poeta vencido
                                                             exiliado en los siete días de la semana.
                                                             Teniendo ante mí los años contados,
                                                             soy el caballo sudoroso de mis raíces.
Ceremonia de los adioses
A Sophanna y Miguel Igout 

He aquí su vida llevada por el flujo magnético
que regula sus días y sus viajes de poeta;
un trote de burro en camino de cabras
un vuelo espiral de aeroplano sobre
el viejo cementerio marino de infancias
un tratado de erotismo chino justo antes
de irse en los gritos de amor de las mujeres,
de la campana basilical al carillón
vaciado en el metal en fusión de la mujer.
El porvenir pereció en la frente del viajero.
El horizonte se fue, quedó solo en el mundo:
¿qué tiempo de esperanza hará en el país natal?
Un radiante otoño de sabiduría responde
al espíritu protegido contra la morriña.
Muy de mañana corre a lomos de rucio
por tortas de yuca y leche del recuerdo.
Con el cuerpo cerrado a utopías de presa toma
la senda de la vida donde todo se envida.
Un gran jardín de ensueño aporta a sus trabajos
el embeleso de un perpetuo mes de junio.
Es memoria de la vida y de la muerte.
Es el acmé adulto culmen de la madurez.
En la tarde del retorno al polvo
la poesía de un eterno sol del membrillo
abre sus exequias al adiós de las mujeres.
Brillará su sol largo tiempo en sus cenizas.
Retorna al limo loco del bien y del mal:
a su vez se extingue en el lecho de tinieblas
sobre sus islotes de sombra cae sin piedad la noche.

Poeta, novelista y ensayista.
Cursó estudios en Francia, de donde fue expulsado. Sufrió
cárcel en el régimen dictatorial de François Duvalier. Durante
dos décadas vivió exiliado en Cuba. Es autor de Mineral negro (1962), Poeta en Cuba (1976)
El palo ensebado (1979) y Hadriana (Premio Renadout 1988) Novelas 



Jacques Roumai
(1907-1944)

Jacques Roumain 
Puerto Principe, 1907

Poema

África he guardado tu recuerdo África
estás en mí
como la astilla en la herida
como un fetiche tutelar en medio de la aldea
Haz de mí la piedra de tu honda
de mi boca los labios de tu llaga
de mis rodillas las columnas rotas
de tu humillación
Sin embargo
no quiero ser más que de vuestra raza
obreros campesinos de todos los países...
obrero blanco de Detroit peón negro de Alabama
pueblo innumerable de las galeras capitalistas
el destino nos yergue hombro con hombro
y renegando del antiguo maleficio
de los tabúes de la sangre
pisamos los escombros de nuestras soledades
Si el torrente es frontera
arrancaremos al declive su cabellera irrestañable
Si la sierra es frontera
romperemos la mandíbula de los volcanes
que refuerzan las Cordilleras
y la llanura será la explanada de la aurora
donde reunir nuestras fuerzas descuartizadas
por la astucia de nuestros amos
Como la contradicción de los rasgos
se resuelve en la armonía del rostro
proclamamos la unidad del sufrimiento
y de la rebelión
de todos los pueblos en toda la superficie de la tierra
y mezclamos el cemento de los tiempos
fraternales
en el polvo de los ídolos.

Nació en Puerto Príncipe en 1907. Fue asesinado
en plena lucha política en 1944. Algunas de sus obras son consideradas
maestras como, la titulada Bois d'ébéne y Gouverneurs de la rosée.  

Jacques Viau (1942-1965)
Jacques Viau Renaud
Nada permanece tanto como el llanto VII

Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón,
palabras en nuestra voz quebrantada por azadones.
Hemos dejado huellas por todos los caminos
y algunos de nosotros ya no estamos.
Hemos ido de manos con las sombras.
Nuestro andar es un grito estacionado.
Por cada paso, un día que transcurre.
Por cada palabras, mil palabras que vocifera la prole.
¿Qué será de nosotros después de esta larga travesía?
Poco importan si el mármol o la piedra eternizan
nuestro corazón de húmedo barro.
Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz
del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió
la mano cuando se aproximaba la caída.
Hemos llenado muchos de los vacíos que nos legaran.
A otros toca llenar los que nosotros dejamos.
Apenas tuvimos tiempo para remendar la herencia.
¿qué corazón irá nuestro corazón a depositarse?
¿A qué silbido irá nuestro silbo a renovarse?
Nada sabemos,
cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros
y que no concluirá con nosotros.

Jacques Viau nació en Puerto Príncipe en 1942. Perteneció a una
familia de perseguidos políticos que se refugiaron en Santo Domingo.
Fue abatido durante las insurrecciones de 1965 cuando aún no había
cumplido veintitrés años.




















Hay un país en el mundo


 



Hay un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol,
Oriundo de anoche,
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.
Sencillamente liviano,
como un ala de murciélago apoyado en la brisa.
Sencillamente claro,
como el rastro del beso en las solteras antiguas.
o el día en los tejados.
Sencillamente frutal, fluvial. Y material. Y, sin embargo
sencillamente tórrido y pateado
como una adolescente en las caderas.
Sencillamente triste y oprimido.
Sinceramente agreste y despoblado.
En verdad.
Con dos millones suma de la vida
y entre tanto cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa bahía y otra inmensa bahía,
tres penínsulas con islas adyacentes
y un asombro de ríos verticales
y tierra bajo los árboles y tierra
bajo los ríos y en la falda del monte
y al pie de la colina y detrás del horizonte
y tierra desde el cantío de los gallos
y tierra bajo el galope de los caballos
y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor
y debajo de todas las huellas y en medio el amor.
Entonces es lo que he declarado.
Hay un país en el mundo
sencillamente agreste y despoblado.
Algún amor creerá
que en este fluvial país en que la tierra brota,
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde el día tiene su triunfo verdadero,
irán los campesinos con asombro y apero
a cultivar, cantando su franja propietaria.
Este amor
quebrará su inocencia solitaria.
Pero no.
Y creerá que, en medio de esta tierra recrecida,
donde quiera, donde ruedan montañas por los valles
como frescas monedas azules, donde duerme
un bosque en cada flor y en cada flor de la vida,
irán los campesinos por la loma dormida

a gozar forcejeando con su propia cosecha.

Este amor

doblará su luminosa flecha.

Pero no.

Y creerá

que donde el viento asalta el íntimo terrón

y lo convierte en tropas de cumbres y praderas,

donde cada colina parece un corazón,

en cada campesino irán las primaveras

cantando entre los surcos su propiedad.

Este amor

alcanzará su floreciente edad.

Pero no.

Hay un país en el mundo

donde un campesino breve, seco y agrio

muere y muerde descalzo su polvo derruido,

y la tierra no alcanza para su bronca muerte.

¡Oídlo bien! No alcanza para quedar dormido.

Es un país pequeño y agredido. Sencillamente triste,

triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije

sencillamente triste y oprimido.

No es eso solamente.

Faltan hombres

para tanta tierra. Es decir, faltan hombres

que desnuden la virgen cordillera y la hagan madre

después de unas canciones.

Madre de la hortaliza.

Madre del pan. Madre del lienzo y del techo.

Madre solícita y nocturna junto al lecho...

Faltan hombres que arrodillen los árboles y entonces

los alcen contra el sol y la distancia.

Contra las leyes de la gravedad.

Y les saquen reposo, rebeldía y claridad.

Y hombres que se acuesten con la arcilla

y la dejen parida de paredes.

Y hombres que descifren los dioses de los ríos

y los suban temblando entre las redes.

Y hombres en la costa y en los fríos desfiladeros

y en toda desolación.

Es decir, faltan hombres.

Y falta una canción.

Miro un brusco tropel de raíles

son del ingenio

sus soportes de verde aborigen

son del ingenio

y las mansas montañas de origen

son del ingenio

y la caña y la yerba y el mimbre

son del ingenio

y los muelles y el agua y el liquen

son del ingenio

y el camino y sus dos cicatrices

son del ingenio

y los pueblos pequeños y vírgenes

son del ingenio

y los brazos del hombre más simple

son del ingenio

y sus venas de joven calibre

son del ingenio

y los guardias con voz de fusiles

son del ingenio

y las manchas del plomo en las ingles

son del ingenio

y la furia y el odio sin límites

son del ingenio

y las leyes calladas y tristes

son del ingenio

y las culpas que no se redimen

son del ingenio

vente veces lo digo y lo dije

son del ingenio

"nuestros campos de gloria repiten"

son del ingenio

en la sombra del ancla persisten

son del ingenio

aunque arroje la carga del crimen

lejos del puerto

con la sangre y el sudor y el salitre

son del ingenio.

Plumón de nido nivel de luna

salud del oro guitarra abierta

final de viaje donde una isla

los campesinos no tienen tierra.

Decid al viento los apellidos

de los ladrones y las cavernas

y abrid los ojos donde un desastre

los campesinos no tienen tierra.

El aire brusco de un breve puño

que se detiene junto a una piedra

abre una herida donde unos ojos

los campesinos no tienen tierra.

Los que la roban no tienen ángeles

no tienen órbita entre las piernas

no tienen sexo donde una patria

los campesinos no tienen tierra.

No tienen paz entre las pestañas

no tienen tierra no tienen tierra.

País inverosímil.

Donde la tierra brota

y se derrama y cruje como una vena rota,

donde alcanza la estatura del vértigo,

donde las aves nadan o vuelan, pero en el medio

no hay más que tierra:

los campesinos no tienen tierra.

Y entonces

¿De dónde ha salido esta canción?

¿Cómo es posible?

¿Quién dice que entre la fina salud del oro

¿Los campesinos no tienen tierra?

Esas es otra canción. Escuchad

la canción deliciosa de los ingenios de azúcar

y de alcohol.

Procedente del fondo de la noche

vengo a hablar de un país.

Precisamente

pobre de población.

Pero no es eso solamente.

Natural de la noche soy producto de un viaje.

Dadme tiempo coraje para hacer la canción.

Y éste es el resultado.

El día luminoso

regresando a través de los cristales

del azúcar, primero se encuentra al labrador.

En seguida al leñero y al picador de caña

rodeado de sus hijos llenando la carreta.

Y al niño del guarapo y después al anciano sereno

con el reloj, que lo mira con su muerte secreta,

y a la joven temprana cosiéndose los párpados

en el saco cien mil y al rastro del salario

perdido entre las hojas del listero. Y al perfil

sudoroso de los cargadores envueltos en su capa

de músculos morenos. Y al albañil celeste

colocando en el cielo el último ladrillo

de la chimenea. Y al carpintero gris

clavando el ataúd para la urgentemente,

cuando suena el silbato, blanco y definitivo, que el reposo contiene.

El día luminoso despierta en las espaldas de repente, corre entre los raíles,

sube por las grúas, cae en los almacenes.

En los patios, al pie de una lavandera,

mojada en las canciones, cruje y rejuvenece.

En las calles se queja en el pregón. Apenas

su pie despunta desgarra los pesebres.

Recorre las ciudades llenas de los abogados

que no son más que placas y silencio, a los poetas

que no son más que nieblas y silencio y a los jueces

silenciosos. Sube, salta, delira en las esquinas

y el día luminoso se resuelve en un dólar inminente.

¡Un dólar! He aquí el resultado. Un borbotón de sangre.

Silenciosa, terminante. Sangre herida en el viento.

Sangre en el efectivo producto de amargura.

Este es un país que no merece el nombre de país.

Sino de tumba, féretro, hueco o sepultura.

Es cierto que lo beso y que me besa

y que su beso no sabe más que a sangre.

Que día vendrá, oculto en la esperanza,

con su canasta llena de iras implacables

y rostros contraídos y puños y puñales.

Pero tened cuidado. No es justo que el castigo

caiga sobre todos. Busquemos los culpables.

Y entonces caiga el peso infinito de los pueblos

sobre los hombros de los culpables.

Y esa es mi última palabra.

Quiero oírla. Quiero verla en cada puerta

de religión, donde una mano abierta

solicita un milagro del estero.

Quiero ver su amargura necesaria

donde el hombre y la res y el surco duermen

y adelgazan los sueños en el germen

de quietud que eterniza la plegaria.

Donde un ángel respira.

Donde arde una súplica pálida y secreta

y siguiendo el carril de la carreta

un boyero se extingue con la tarde.

Después no quiero más que paz.

Un nido de constructiva paz en cada palma.

Y quizás a propósito del alma

el enjambre de besos y el olvido.


English Version

There is
a country in the world
            situated
right in the sun's path.
A native of the night.
            Situated
in an improbable archipelago
of sugar and alcohol.
            Simply
light,
like a bat's wing
leaning on the breeze.
            Simply
bright,
   like the trace of a kiss on an elderly
maiden
      or daylight on the roof tiles.
            Simply
fruitful. Fluvial. And material. And yet
simply torrid, abused and kicked
like a young girl's hips.
Simply sad and oppressed.
Sincerely wild and uninhabited. [End Page 850]
In truth.
With three million
            life's sum total
and all the while
            four cardinal cordilleras
and an immense bay and another immense bay,
three peninsulas with adjacent isles
and the wonder of vertical rivers
and earth beneath the trees and earth
beneath the rivers and at the edge of the forest
and at the foot of the hill and behind the horizon
and earth from the cock's crow
and earth beneath the galloping horses
and earth over the day, under the map, around
and underneath all the footprints and in the midst of love.
Then
   it is as I have said.
               There is
a country in the world
simply wild and uninhabited.
Some love will think
that in this fluvial country in which earth blossoms,
and spills over and cracks like a bursting vein,
where day has its true victory,
the farmers will go amazed with their spades
to cultivate
      singing
            their strip of ownership.
This love
will shatter its solitary innocence.
               But no.
And it will think
that in the midst of this swollen land,
everywhere, where mountains roll through valleys
like fresh blue coins, where a forest
sleeps in each flower and in each flower life,
the farmers will walk along the sleeping ridge
to enjoy
      struggling
            with their own harvest. [End Page 851]
This love
will bend its luminous arrow.
            But no.
And it will think from
where the wind buffets the inmost clod of earth
and transforms it into flocks of peaks and plains,
where each hill seems a heart,
in each farmer spring upon spring will go
singing
      among the furrows
            his land.
This love
will reach its flowering Age.
            But no.
There is
a country in the world
where a farmer, cut down,
withered and bitter
            dies and bites
barefoot
      his defeated dust,
lacking enough earth for his harsh death.
Listen closely! Lacking earth to go to sleep in.
It is a small and beleaguered country. Simply sad,
sad and grim, sad and bitter. I've already said it,
simply sad and oppressed.
And it's not that alone.
            Men are needed
for so much land. That is, men are needed
to strip the virgin cordillera and make her a mother
after a few songs.
      Mother of vegetables.
Mother of bread. Mother of the fence and the roof.
Caring and nocturnal mother at the bedside . . .
Men are needed to fell the trees and then
to raise them high against the sun and distance.
Against the laws of gravity.
And to take from them rest, rebellion and light.
And men to lie with the clay
and leave her giving birth to walls.
            And men
to come to understand the river gods
and to raise them trembling in the nets. [End Page 852]
And men on the coasts and in the icy
            mountain passes
and in all desolation.
That's right, men are needed.
         And a song is needed.
Emerging from the depths of the night
I have come to speak of a country.
            It so happens
poor in population.
      But
       it's more than that
A native of the night, I am the...

Notas:

Los datos para esta recopilación han sido tomados desde los siguientes links


http://www.jornada.unam.mx/2010/01/31/sem-cuatro.html

https://www.marxists.org/espanol/tematica/literatura/viaurenaud/permanenciadlelllanto.pdf

http://ile-en-ile.org/phelps/

http://www.cerisepress.com/02/06/four-overdue-poems-about-the-caribbean-sea-by-rene-depestre/view-all

https://muse.jhu.edu/article/6295

Nota 2
Este es un trabajo en progreso, otras entregas integran voces femeninas de RD con conexiones de alto calibre entre poetas dominicanas otrora radicadas en EEUU, con poetas estaounidenses, chilenas, espanolas, uruguayas y del caribe ingles. Nos veremos juntitas con el ulular del buho de Sylvia Plath.
https://muse.jhu.edu/article/6295

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