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5/08/2017

Poesia del Bronx River al rio Ozama







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Basilio Belliard


Acertijo y juego, Poemas de la Reina del Bronx River (2009), es un libro que se lee como autobiografía y también como un rosario de invenciones que brotan de la ensoñación creativa y surreal. El azar y el cálculo entran en conjunción y forman una arquitectura de símbolos culturales y usos verbales, que se superponen en armonía y tonalidad para articular un discurso poético sostenido y radiante.
El ajedrez, la numerología, la cábala, el tarot, la santería, la gastronomía, el esoterismo y la magia participan como recursos de ficción que transparentan la palabra poética: se yuxtaponen con giros del habla y la cultura dominicanas, en claves lingüísticas y resonancias, que se transforman en contrapunto, con la cultura norteamericana. Experiencia e inocencia entran en nupcias con el canto y la narración. Microhistorias y memoria se entretejen y combinan en formas minimalistas, cuyo hilo narrativo nos conduce por el paisaje psicológico del sujeto poético. Música de la luz y autobiografía de la sombra, la voz poética navega, en prosa y verso, por los silencios y los códigos sintácticos: hechizos, sortilegios, amuletos metafóricos y signos secretos.
Del Bronx River al Osama (u Ozama), esta obra no es un poemario o conjunto de textos sino un Libro (en mayúscula), donde resuenan los ecos creacionistas, barrocos y surrealistas de la tradición que se enfrentan en maridaje con el talento personal, la voluntad de estilo y la madurez creativa. Sólo esta suerte de oleajes y corrientes alternas hicieron posible armar un cuerpo textual tan ambicioso y de esta envergadura, desde el punto de vista del lenguaje poético. Con este libro, Miriam Ventura pisa tierra firme en su tránsito y en sus navegaciones en el territorio de la creación poética, capitalizando giros y vocablos, imágenes y técnicas, nutridos por la imaginación y la percepción. Botánica y folklore, mitos y creencias, todo su mundo verbal fertiliza y metaboliza en savia creativa: alegorías, crónicas, decálogos y números que abonan el festín de la fantasía verbal. Todos estos pretextos actúan, no sin eficacia, en su empresa poética, en vetas de humor negro, sátira social y parodia de sí misma.
En Poemas de la Reina del Bronx River, oralidad y escritura dejan ver su tejido hecho de ecos y sintaxis: recursos intertextuales, donde se dan cita voces de la tradición y frases cifradas o cristalizadas en el reino de la imaginación. Música clásica y popular, pintura y danza fundan un cruce de caminos, cuyos laberintos metafóricos y vericuetos figurativos se mezclan en una geografía de signos, los cuales marcan el aire posmoderno, en el que todos los discursos y lenguajes artísticos se hibridan, en formas de intertextos. Así pues, las artes trascienden sus límites expresivos en espacio, tiempo y formas: espléndida libertad creativa y osadía en su poder de simbolización. Esa capacidad de mantener un equilibrio entre el símbolo y la realidad, la experiencia y el lenguaje, hace de este Libro una obra de excelencia que dialoga con las vanguardias, pero en tonos de modernidad y conciencia estética del poema y la poesía, en tanto sustancia análoga y consustancial a todo lenguaje artístico.
En este libro el agua ejerce una fascinación como símbolo de purificación. Imperio de agua dulce, no salada, el agua del río (Ozama y Bronx) actúa como imperio de la imaginación y leif motiv (el lugar es el agua que me parió/como su etiqueta e imperio/desde las aguas un diente tirado al azar), en el que la reina (personaje o ficha de ajedrez), juega al juego de la creación y la seducción, en su viaje diaspórico -de agua a agua, de río a río.
La Reina reina como símbolo de atracción fatal y como rito de iniciación que seduce fantasmas, ángeles y demonios (súcubo e íncubo), cuyo poder acuático crea la glorificación del espanto. De Santo Domingo a El Bronx, el sujeto crea una poética del agua donde el indio, el negro y el blanco intervienen con sus voces y sus cuerpos. Miriam Ventura ha fundado una poética en base al símbolo del agua, y creado un personaje poético que reina en “las aguas del Bronx River”: sujeto tatuado, rebelde, alquímico, en los altares y las aguas, que canta, a través de cantos y crónicas -y que vuela como alegoría, a ritmo de conjuros, nudos y luces, en medio del azar y la muerte. Ese ritmo cadencioso de este texto equilibra los signos del discurso poético y se transforma en celebración y eucaristía de la experiencia sensible: se incendia al ponerse en contacto con la materia viva. Los meandros acuáticos y los deltas luminosos actúan como pasaportes de la transparencia rítmica y gestual, en el bosque de la fantasía erótica y mortal. Esta obra encarna un viaje hechizante: representa la seducción de la naturaleza. Cuerpo solar que se consustancializa con la vegetación electrizante, como el agua que apaga el fuego de la muerte y del deseo, en claves de seducción, atracción y repulsión.
Invito a leer este Libro, que se lee como una antología del azar y un cuerpo verbal que quedará como punto de inflexión en la vital tradición poética dominicana. Aquí está esta voz de mujer que suspira, y en cuyo aliento desea que su nombre sea “escrito en el agua” -a la manera en que John Keats deseó escribieran en su epitafio.
Con esta edición, la Editora Nacional del Ministerio de Cultura de la Republica Dominicana se anota un punto, al dar a luz esta obra poética, por su gran factura, su estupenda ambición creativa y porque su autora postula una autonomía en su universo verbal, distanciándose así, de la tradición dominicana de la poesía escrita por mujeres, en particular, y de la poesía dominicana, en general.

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