2/24/2020

Teatro de lo absurdo en Republica Dominicana




Por Sucre Vasquez

PRIMERO tratan de imponer un candidato presidencial por encima de un líder histórico como Leonel Fernández y un sistema de votación computarizado desechado por las principales potencias tecnológicas por inseguro y el veterano político se va, abandona la formación política de la que ha sido Presidente durante 20 años, decepcionado porque expone que lo derrotaron con maña y argucia con un algoritmo que cambió los resultados en las primarias. Luego, la Junta Central Electoral suspende, con razón, las elecciones municipales del pasado 16 de febrero, porque en el sistema implantando en el 62% de los siete millones de votantes potenciales, sólo reflejaba la boleta del oficialsta Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Ahora el país, también decepcionado como el Dr. Fernández, se sume en una crisis ficticia e innecesaria, convocando a la OEA (la llamada Organización de Estados Americanos) para que supervise y dirija una auditoría para determinar si hubo sabotaje en el sistema computarizado, buscando culpas donde se sabe que no la hay, como fue el arresto de un coronel espaldero del candidato opositor Luis Abinader y un empleado de la telefónica de Claro.


Por otra parte, miles de jóvenes "millennials" (Generación Y) han mantenido una vociferante y justa manifestación frente a la Junta Central Electoral en la Plaza de la Bandera para que renuncie el pleno de ese organismo por la imprudencia de imponer el sistema del voto computarizado cuando hubo la reprobación y denuncia de que era susceptible a tramas de fraude como denunciara el Dr. Fernández, después de los resultados adversos a su candidatura en las primarias del 6 de octubre del pasado año 2019.

Esas protestas pacíficas de los "millennials" dominicanos, convocadas y coordinadas a través de las redes sociales, son reflejo del hartazgo general del país ante la pertinaz determinación del Presidente Danilo Medina de imponer al oscuro ministro de su gobierno como candidato a la Presidencia de la República, cuando se chocó con la contundente oposición del país a su tercera reelección y entonces, ha querido imponer ese delfín para continuar con su régimen por control remoto, durante cuatro años más, con el coro de fondo de sus áulicos y centenares de periodistas pagados, que lo envuelven en el esplendor de una nube rosada, presentando al Jefe de Estado como un profeta visionario, en vez de la realidad de que ha encabezado un esquema oficial de corrupción y satrapía.

Sin embargo, lo decente, conveniente y correcto es ir, sin marullos, a las elecciones municipales aplazadas para el 16 de marzo, sin armar tantos escarceos como es meter a la OEA en una situación que está perfectamente bajo control de la Junta Central Electoral, aunque este organismo haya intentado introducir este sistema (que ha costado $19 millones al erario dominicano) que definitivamente tiene que ser descartado como ha sido, por ejemplo en Alemania que lo prohíbe constitucionalmente.

Las protestas de los jóvenes reflejan la existencia de un síndrome social de rechazo a la corrupcción los manejos turbios desde el gobierno y la clase política, muy especialmente en las últimas dos décadas, que no obstante han sido de pogreso, gracias a los providenciales recursos de ingresos multimillonarios de dólares por la exportación de oro, el turismo y las remesas de los dominicanos ausentes que propelan un constante (e impresionante) crecicimiento económico, que han convertido a la República Dominicana como la joya del Caribe, por su explosión de desarrollo urbanístico y refinamiento de la sociedad civil.


Cuenta la República Dominicana con ejemplares sistema de comunicación, tecnología y mejoramiento del sistema educativo, además de un dinámico desarrollo en su infraestructura, a pesar de bochornonosa desigualdad social y el lastre de la constante inmigración de haitianos, llenos de pobreza y secular atraso intellectual.



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