5/16/2021

Los asesinos escriben, las memorias de Johnny Abbes por Tony Raful

 




Miguel Ángel Fornerín

 

En la historia de la literatura dominicana existe un capítulo poco explorado. Es el corpus de obras escritas por asesinos o personajes acusados vox populi de realizar homicidios políticos.  Este subgénero de la memoria y de la literatura testimonial ha venido a aparecer con mayor insistencia luego de la caída de Rafael L. Trujillo. Su discurso es generalmente exculpatorio y busca justificar las acciones de individuos que la psicología podría calificar, en algunos casos, como psicópatas. 

            El relato más frecuente es el de Johnny Abbes García, un militar dedicado a la inteligencia bajo el régimen de Trujillo, quien lleva ya dos libros de memorias sin que sepamos hoy en día, a ciencia cierta, si está vivo o deambula como un fantasma por las calles de Nueva York, como dice Tony Raful en Jonny Abbes, ¡vivo, suelto y sin expediente! (2019).

La narrativa trujillista

            Las obras de este tipo son muy variadas, me refiero a la trilogía de Alicinio Peña Rivera, Historia oculta de un dictador”(1977), Trujillo, la herencia de un caudillo”(1978) y Los cadáveres salen a flote (1978). Véase Giovanni Di Pietro Escritos varios (1988-2008), pp. 51-56; a aquellas siguen Yo, Ranfis Trujillo (2018) de José León Estévez, las memorias de Carlos Eversz publicadas por Gabriel Canesa, Trujillo anatomía de dictador, de Arturo Espaillat (Navajita), entre otras.

            Esta novela de Tony Raful es un libro de memoria escrito por un investigador de la historia. Podríamos decir que es un subgénero del modo narrativo que toca la historia contemporánea. Muy usado por los periodistas o por los historiadores que buscan tratar un tema histórico o un tema de cierta actualidad en el que expresan ciertas verdades, pero que usan el arte de novelar, por la libertad que les da para llenar las opacidades que toda investigación posee.

Historia y memoria

            De ahí que las memorias de Johnny Abbes sean una ‘fábula’ (Tomashevsky) en la que la prueba está ausente y debemos creer en sus afirmaciones. Es un tipo de relato homodiegético en el que el narrador es el personaje, pero no es el autor. En él aparecen dos discursos, el del narrador-personaje y el del autor, pero ambos son manipulados por el autor, que solapa el discurso del narrador-personaje y borra el suyo. En esta novela, es el del personaje el que domina y muy pocas veces encontramos la sobreposición del discurso del autor con el del narrador-personaje, aunque queda implícito.

            Podríamos afirmar que la novela de Tony Raful es la de un tema que busca la forma novelística y que en este aspecto hay un trabajo notable del poeta que ya había entrado en la narrativa historiográfica con su libro De Trujillo a Fernández Domínguez y Caamaño, el azar como categoría histórica (1930-1965) de 2013, obra que, además de tratar el tema, presenta una teoría sobre la historia.

Una historia que busca una forma

            La historia contemporánea tiene mucho de crónica porque ella toca el presente. Mientras que la historia es un estudio del pasado, de aquellos hechos que no hemos vivido y que debemos recuperar mediante las huellas depositadas en los archivos, en los documentos. Aunque Tony Raful trabaja con documentos y en este libro usa mucho material de su libro anterior para darle una contextualización a los eventos en los que vivió y participó Abbes García, se ha valido de testimonios y otras fuentes que le han permitido armar esta historia. Y ese es un trabajo intelectual que requiere el cotejo de mucha información y que cruza del campo del historiador al del novelista.

            Entiendo que el plan fundador del autor estriba en enfocarse en el personaje y narrar su vida, sin que el deseo de construir una novela y aprovechar lo que las técnicas narrativas podrían ayudarle, sea central en la configuración de su obra. De hecho, el punto poético más sobresaliente de la novela es el interés que el autor mantiene en la narración de los acontecimientos. Pienso, por otra parte, que otro valor del texto es el gran conocimiento que tiene el autor de la política en las últimas décadas del trujillato y los años posteriores.

Los sátrapas del Caribe

            Esto hace que la obra, que ya es interesante de suyo, pueda también funcionar como un ensayo histórico sobre el periodo el autor había estudiado en el libro de historia arriba citado. Por lo que el lector tiene en esta novela una interesante historia de la política de Trujillo y de la coyuntura que se da en el Caribe (véase Juan Bosch Póker de espanto en el Caribe: Trujillo, Somoza, Pérez Jiménez y Batista, 1955) a fines de la década de 1950.

            El otro aspecto es la vida de Johnny Abbes que inicia y termina la narración. Hay que significar que un acontecimiento de importancia es el asesinato del presidente Carlos Alberto Castillo Armas debido a un complot fraguado por Trujillo y dirigido por Abbes en Guatemala. Este acontecimiento de historia política de Centro América y el Caribe es el elemento de mayor interés en la obra; aunque desde el punto de vista técnico, pudo haber sido mejor tratado.

Es interesante por la presencia de las dos mujeres, que dramatizan el conflicto y la participación de agentes dobles y hasta triple. Un tema que puede ser mejor tratado con las técnicas de la novela policial. Pero como he afirmado Tony Raful está más interesado en la biografía de Abbes García.

La muerte del presidente Castillo Armas

            El discurso de Abbes García tiene un problema. Yo diría que es parte del plan del autor y del que no puede zafarse. La narración es monológica, no tiene contrastes. No existe otro personaje que pueda cambiar, discutir, dramatizar o dar una perspectiva distinta de los hechos. Y al final tenemos, desde el punto de vista ideológico, un personaje que rectifica la historia se justifica y realiza una amplia apología de la Era de Trujillo, y la lucha del dictador dominicano contra el comunismo.

            Estos tres elementos son importantes y tal vez son los que mejor conecten esta obra con las escritas por los asesinos o presuntos homicidas que, como Alicinio Peña Rivera, buscaba justificar sus acciones y echarle la culpa del asesinato de las hermanas Minerva, Patria y Teresa Mirabal a una cúpula militar que siguió gozando de las mieles del poder, luego de la muerte de Trujillo.

Novelar una época poco conocida

            La novela como género ha sido un magnífico formato para que Tony Raful pudiera construir las memorias de Abbes García y para presentarnos una época de la que se conoce muy poco.

            Muchos de los actos de Johnny Abbes y Trujillo quedan rectificados en el discurso del personaje. Sus figuras resultan no solamente rectificadas, sino también desmitificadas. Finalmente, la obra de Tony Raful nos lleva a pensar en dos cosas: primero, en el interés de los protagonistas de actos abominables contra la humanidad de justificarse y narrar los acontecimientos en los que participaron para cambiar las perspectivas de los otros. Y segundo y, no menos importante, cómo en nuestro país esos personajes quedan impunes.

Johnny Abbes en Nueva York se hace viejo, Calos Eversz murió como un simple guachimán muchos tiempos después de la Era en una parada de guaguas en República Dominicana. Pechito León Estévez, en los últimos años de su vida, ayudaba al párroco de una iglesia capitalina a administrar hostias. Alicinio Peña Rivera, Félix W. Bernardino, como tantos otros, quedaron también sin pagar por sus atrocidades. Tal vez estén muy cerca de nosotros como personajes, hombres o fantasmas.

Los asesinos escriben, las memorias de Johnny Abbes por Tony Raful  | Miguel Angel Fornerin escritor


5/08/2021

La escritura de José Alcántara Almánzar en Memoria esquiva




Miguel Ángel Fornerín

Podría iniciar esta breve reflexión con unas preguntas: ¿cómo narra José Alcántara Almánzar? ¿Qué hay en sus textos que nos lleva a seguir leyéndolo con el paso de los años? ¿Cómo se entronca su narrativa con la del país y la de Latinoamérica? ¿Qué estética de la palabra se hilvana en su discurso literario?

            José Alcántara Almánzar narra la realidad dominicana. El tiempo vivido por los dominicanos desde una isla del Caribe. Su narrar es la observación sociológica del mundo dominicano que explora desde una ficción en que la realidad queda transfigurada en obra de arte. Tiene en su narrativa distintos cronotopos: la ciudad, sus barrios, el mundo de la oficina; la vida común de las gentes y su lucha contra una realidad aplastante…  Sus sueños, sus pesadillas y el marco del tiempo de una violencia creada por el poder. José Alcántara Almánzar trasunta lo vivido y lo convierte en ficción sin que la realidad quede adulterada por la virtualidad de la invención.

La universalidad de lo dominicano

            Su lenguaje es sencillo. Parece encontrarse con la literatura realista y la toca con una observación psicológica y la engrandece ante la vista del lector con una contextualización sociológica que, de manera crítica, desvela la universalidad de la particularidad en que se muestra el tiempo presente de la dominicanidad.

Tiene como los autores clásicos del realismo una forma muy sutil de manejar el interés que sus obras pueden despertar en los lectores. En Memoria esquiva (Santuario, 2021) sus pequeñas narraciones están construidas como objetos de relojería en los que no hay una sola ruedita que no vaya a favor de los distintos mecanismos que hacen que la hora sea exacta.

            El ritmo del sentido que establece con las primeras frases nos ata a sus historias para llegar a desentrañar eso que se nos cuenta, pero que no podemos del todo aprehender. Es un conjunto de elementos elusivos, que se van construyendo ante nuestra mirada y que solo al final del cuento podemos sintetizar. El lenguaje es correctísimo, no se siente que está escrito, no hay abusos, ni tan siquiera la forma golosa del neobarroco. El lenguaje solo atildado con el adjetivo preciso parece comunicarnos de forma sumamente coloquial lo que se dice, pero el coloquio no existe. La lengua comunica y encanta, no por lo que de ella se ve, sino por la materia que narra.

Su mundo poético

            Ya construido su mundo poético, en esta obra José Alcántara Almánzar narra con maestría, y deja ver las improntas del escribir de su propia época. De entrada, nos encontramos con el realismo mágico que él junto a Marcio Veloz Maggiolo (Biografía difusa de Sombra Castañeda (1981), La fértil agonía del amor (1982) han narrado de manera muy especial. Les remito al cuento “La insólita Irene” (de Callejón sin salida, 1975), por ejemplo, o en este libro el cuento “Los días contados”. En él la abuela tiene un temple que me recuerda a la madre de Mientras agonizo (As I Lay Dying), de William Faulkner. Sus improntas son las de una generación literaria que ha visto las dimensiones de la realidad latinoamericana y las ha recreado en bellas obras de arte. 

Nuestro estar aquí en el mundo

            Los textos de José Alcántara Almánzar muestran nuestro hic et nunc, nuestro estar ahí en el mundo en que pasado y presente se conectan. Todo esto porque así es la realidad de la vida dominicana. La voz narrativa que a veces apela al yo biográfico y que otras veces lo disfraza o lo sugiere, simboliza en su diégesis las preocupaciones sociales de una generación que soñó con un futuro mejor.

            Dos modelos dominicanos se borran en sus escritos. Juan Bosch se percibe a lo lejos. Esa preocupación social que en Bosch es realismo social, en Alcántara es realismo psicológico y realismo crítico. Podríamos decir que sus textos tienen cierta intertextualidad con la obra de Virgilio Díaz Grullón.

Pero en esto no estoy tan seguro, porque sus textos desbordan el realismo anclado en lo absurdo que se popularizó en la década del cincuenta. Hay un resplandor que hace más visible la realidad del hombre y la exploración de la conciencia humana en la obra de José Alcántara Almánzar.

Recuperar la memoria personal y colectiva

            En Memoria esquiva el tiempo aparece recuperado. Es la memoria que nos trae lo que queda ausente. Ricoeur en La mémoire, l’histoire, l’oubli (2000), inicia su indagación sobre la memoria y la recuperación del tiempo vivido con una cita de Platón, quien escribe sobre la presencia del objeto ausente.

Con sus historias, José Alcántara Almánzar pone frente al lector el tiempo vivido, un tiempo pasado y ausente que se manifiesta como reflexión y que el autor transforma como fantasía en una reconfiguración de los hechos vividos en hechos recuperados en el tiempo y valorado por el sujeto escribiente en el discurso literario. De tal manera que el tiempo que se recupera es significativo y puede ser contrastado con el tiempo que vivimos, en el que perdura por semejanza y valor poético.

            En las historias que narra se configura un tiempo juvenil; el sujeto se establece en un tiempo de crecimiento, de formación, en el que aparece la iniciación, la transformación de niño a hombre. También el conocimiento de la realidad terrible de la violencia que la mujer busca exorcizar mediante la santería en el cuento Misteriosa o la belleza y el poder de los calieses de Trujillo… y el deseo del otro en el rostro de una Silvia que busca terminar su angustiada vida de violencia familiar en “Fulgor en la sombra”.

Las distintas perspectivas

            Las historias están contadas desde la perspectiva de distintos narradores. A veces la focalización es homodiegética, porque el discurso es presentado por un narrador implicado en la diégesis (G. Genette).; otras veces el narrador en primera persona parece conformar un pacto autobiográfico (Ph. Lejeune); además, los textos están narrados por un narrador que ve desde la distancia, focalizado como un relato del rango heterodiegético.

No deja de estar presente el abordar la materia narrativa desde la segunda persona que convierte al destinatario en un ‘narratario’ del discurso de la obra. Hay en este libro, en el fondo, un concierto de focalizaciones que permiten ver el conjunto desde una perspectiva diversa, que lo entronca con el Boom latinoamericano, como he dicho anteriormente, con los maestros del narrar en Latinoamérica.

La vía larga para compendernos

            No cabe la menor duda de que en su escritura Alcántara Almánzar había prefigurado varias historias que en este libro tocan la realidad dominicana por referencia al pasado que unos personajes, desde el crecimiento de su personalidad, por su manera de ver y sentir, y que nos llevan a disfrutar mediante el arte de componer la ‘fábula’.

Una configuración del pasado que nos llega como reminiscencia del tiempo vivido y solo recuperable en el discurso lingüístico como ‘la vía larga’ en que, mediante el lenguaje, se puede recuperar el sentido de los acontecimientos, que se nos presentan como sentido en el discurso (Ricoeur, La métaphore vive, 1975, 92).  Su encanto estético también está en comunicar unas historias en las que los lectores se encuentran, de cierta manera, aludidos y que los hace parte del mundo que viven estos personajes, signados por el poder, el sexo o el amor, que, finalmente, es lo único que sirve para redimirlos.