5/08/2021

La escritura de José Alcántara Almánzar en Memoria esquiva




Miguel Ángel Fornerín

Podría iniciar esta breve reflexión con unas preguntas: ¿cómo narra José Alcántara Almánzar? ¿Qué hay en sus textos que nos lleva a seguir leyéndolo con el paso de los años? ¿Cómo se entronca su narrativa con la del país y la de Latinoamérica? ¿Qué estética de la palabra se hilvana en su discurso literario?

            José Alcántara Almánzar narra la realidad dominicana. El tiempo vivido por los dominicanos desde una isla del Caribe. Su narrar es la observación sociológica del mundo dominicano que explora desde una ficción en que la realidad queda transfigurada en obra de arte. Tiene en su narrativa distintos cronotopos: la ciudad, sus barrios, el mundo de la oficina; la vida común de las gentes y su lucha contra una realidad aplastante…  Sus sueños, sus pesadillas y el marco del tiempo de una violencia creada por el poder. José Alcántara Almánzar trasunta lo vivido y lo convierte en ficción sin que la realidad quede adulterada por la virtualidad de la invención.

La universalidad de lo dominicano

            Su lenguaje es sencillo. Parece encontrarse con la literatura realista y la toca con una observación psicológica y la engrandece ante la vista del lector con una contextualización sociológica que, de manera crítica, desvela la universalidad de la particularidad en que se muestra el tiempo presente de la dominicanidad.

Tiene como los autores clásicos del realismo una forma muy sutil de manejar el interés que sus obras pueden despertar en los lectores. En Memoria esquiva (Santuario, 2021) sus pequeñas narraciones están construidas como objetos de relojería en los que no hay una sola ruedita que no vaya a favor de los distintos mecanismos que hacen que la hora sea exacta.

            El ritmo del sentido que establece con las primeras frases nos ata a sus historias para llegar a desentrañar eso que se nos cuenta, pero que no podemos del todo aprehender. Es un conjunto de elementos elusivos, que se van construyendo ante nuestra mirada y que solo al final del cuento podemos sintetizar. El lenguaje es correctísimo, no se siente que está escrito, no hay abusos, ni tan siquiera la forma golosa del neobarroco. El lenguaje solo atildado con el adjetivo preciso parece comunicarnos de forma sumamente coloquial lo que se dice, pero el coloquio no existe. La lengua comunica y encanta, no por lo que de ella se ve, sino por la materia que narra.

Su mundo poético

            Ya construido su mundo poético, en esta obra José Alcántara Almánzar narra con maestría, y deja ver las improntas del escribir de su propia época. De entrada, nos encontramos con el realismo mágico que él junto a Marcio Veloz Maggiolo (Biografía difusa de Sombra Castañeda (1981), La fértil agonía del amor (1982) han narrado de manera muy especial. Les remito al cuento “La insólita Irene” (de Callejón sin salida, 1975), por ejemplo, o en este libro el cuento “Los días contados”. En él la abuela tiene un temple que me recuerda a la madre de Mientras agonizo (As I Lay Dying), de William Faulkner. Sus improntas son las de una generación literaria que ha visto las dimensiones de la realidad latinoamericana y las ha recreado en bellas obras de arte. 

Nuestro estar aquí en el mundo

            Los textos de José Alcántara Almánzar muestran nuestro hic et nunc, nuestro estar ahí en el mundo en que pasado y presente se conectan. Todo esto porque así es la realidad de la vida dominicana. La voz narrativa que a veces apela al yo biográfico y que otras veces lo disfraza o lo sugiere, simboliza en su diégesis las preocupaciones sociales de una generación que soñó con un futuro mejor.

            Dos modelos dominicanos se borran en sus escritos. Juan Bosch se percibe a lo lejos. Esa preocupación social que en Bosch es realismo social, en Alcántara es realismo psicológico y realismo crítico. Podríamos decir que sus textos tienen cierta intertextualidad con la obra de Virgilio Díaz Grullón.

Pero en esto no estoy tan seguro, porque sus textos desbordan el realismo anclado en lo absurdo que se popularizó en la década del cincuenta. Hay un resplandor que hace más visible la realidad del hombre y la exploración de la conciencia humana en la obra de José Alcántara Almánzar.

Recuperar la memoria personal y colectiva

            En Memoria esquiva el tiempo aparece recuperado. Es la memoria que nos trae lo que queda ausente. Ricoeur en La mémoire, l’histoire, l’oubli (2000), inicia su indagación sobre la memoria y la recuperación del tiempo vivido con una cita de Platón, quien escribe sobre la presencia del objeto ausente.

Con sus historias, José Alcántara Almánzar pone frente al lector el tiempo vivido, un tiempo pasado y ausente que se manifiesta como reflexión y que el autor transforma como fantasía en una reconfiguración de los hechos vividos en hechos recuperados en el tiempo y valorado por el sujeto escribiente en el discurso literario. De tal manera que el tiempo que se recupera es significativo y puede ser contrastado con el tiempo que vivimos, en el que perdura por semejanza y valor poético.

            En las historias que narra se configura un tiempo juvenil; el sujeto se establece en un tiempo de crecimiento, de formación, en el que aparece la iniciación, la transformación de niño a hombre. También el conocimiento de la realidad terrible de la violencia que la mujer busca exorcizar mediante la santería en el cuento Misteriosa o la belleza y el poder de los calieses de Trujillo… y el deseo del otro en el rostro de una Silvia que busca terminar su angustiada vida de violencia familiar en “Fulgor en la sombra”.

Las distintas perspectivas

            Las historias están contadas desde la perspectiva de distintos narradores. A veces la focalización es homodiegética, porque el discurso es presentado por un narrador implicado en la diégesis (G. Genette).; otras veces el narrador en primera persona parece conformar un pacto autobiográfico (Ph. Lejeune); además, los textos están narrados por un narrador que ve desde la distancia, focalizado como un relato del rango heterodiegético.

No deja de estar presente el abordar la materia narrativa desde la segunda persona que convierte al destinatario en un ‘narratario’ del discurso de la obra. Hay en este libro, en el fondo, un concierto de focalizaciones que permiten ver el conjunto desde una perspectiva diversa, que lo entronca con el Boom latinoamericano, como he dicho anteriormente, con los maestros del narrar en Latinoamérica.

La vía larga para compendernos

            No cabe la menor duda de que en su escritura Alcántara Almánzar había prefigurado varias historias que en este libro tocan la realidad dominicana por referencia al pasado que unos personajes, desde el crecimiento de su personalidad, por su manera de ver y sentir, y que nos llevan a disfrutar mediante el arte de componer la ‘fábula’.

Una configuración del pasado que nos llega como reminiscencia del tiempo vivido y solo recuperable en el discurso lingüístico como ‘la vía larga’ en que, mediante el lenguaje, se puede recuperar el sentido de los acontecimientos, que se nos presentan como sentido en el discurso (Ricoeur, La métaphore vive, 1975, 92).  Su encanto estético también está en comunicar unas historias en las que los lectores se encuentran, de cierta manera, aludidos y que los hace parte del mundo que viven estos personajes, signados por el poder, el sexo o el amor, que, finalmente, es lo único que sirve para redimirlos.